Llegando a este punto me doy cuenta de que sé exactamente en donde me encuentro aunque nunca antes haya estado aquí. Me detengo, observo a mi alrededor, meto la mano al bolso de mi abrigo y saco un diminuto crayón azul celeste y, en cuclillas sobre el camino, trazo una marca -poco visible pero está ahí y yo lo sé-. Es una alondra azul y significa el lugar justo del principio. El principio de MI otra vez, de todo lo que me hará ser la que en un indefinible punto del futuro seré. Apartir de aquí quizá deba desactivar el piloto automático, lo que deba ser será y nada puede contra ello.
Crónicas tras el toque de queda, capítulo 4. Ni contigo ni sin ti tienen
mis penas remedio.
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En capítulos anteriores...
Crónicas tras el toque de queda, capítulo 1. ¿Confinamiento? Muchas
gracias, pero ya vengo confinada de casa.
Crónicas tras el ...
Hace 6 años





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