Soñé que mi abuela y yo preparábamos el cadáver de una muchacha para meterla en su ataúd, que los de la funeraria tardaban mucho en llegar para llevarla al cementerio y que yo me compadecía de ella ahí dentro: con los oídos y la nariz rellenos de algodón y una moneda sobre cada párpado cerrado. Me compadecía de ella y le quitaba los algodones. Las monedas las dejaba en su lugar porque para cruzar el lago necesitas pagar o te quedas ahí varado por la eternidad. Cuando los de la funeraria llegaron por el ataúd la muchacha ya no estaba, ¡se había echado a volar sobre nuestras cabezas saliendo por una ventana hasta perderse entre el follaje del bosque! Y mi abuela se me acercaba y me decía con resignación y algo de comprensión -Ay m´ija!- mientras me pasaba las yemas de los dedos por el lóbulo de la oreja: tenía sangre seca que había resbalado desde mis oídos...y también de mi nariz.
Me recargo sobre el respaldo del sofá y pienso.
No me acuerdo que más sucedió en el sueño pero me desperté llena de nostalgia. Mi abuela falleció hace más de dos años a los 80 años y mi mejor amiga hace más de uno, ella era bailarina. Ahora frecuento más los cementerios que a los pocos conocidos que tengo y de nuevo siento que ésta cáscara que habito es demasiado grande para lo que contiene. A mí también se me extravió la mitad de la sonrisa.
Yo rara vez salgo de mi dpto. a menos que sea sumamente necesario. Pero hoy fui a casa del abuelo. Mi visita siempre le alegra el día, nos tomamos un café y platicamos horas y horas. Me cuenta anécdotas atemporales y aespaciales que yo he ido acomodando como un rompecabezas para intentar comprender esta familia. El tiene casi 90 años. No tengo otro padre más que él y no conozco uno mejor. Cuándo mi hermana y yo éramos pequeñas, siempre tenía tiempo para nosotras y siempre andaba de un humor tal que me hacía creer que "nada es lo suficientemente malo para ensombrecernos la vida".
Cuando la abuela enfermó, supe que era algo muy grave: durante los meses siguientes, al abuelo se le veía siempre pensativo con la mirada bien fija en un punto que no existe, y donde no lo podía alcanzar. La noche que su compañera de vida y su gran amor murió, alguna parte de él se fue con ella. Esa parte contenía, entre otras tantas cosas, la mitad de su sonrisa y toda su risa.
Lo escucho hablar y lo miro beber el té de canela. Su cabeza está hurgando en aquella época a donde pertenece su historia. Yo espero, pero no sucede. Se hace de noche, nos despedimos y regreso a casa. No sucedió, desde hace tres años no lo he escuchado reír. Algo me oprime el pecho, me siento de nuevo una cáscara seca y hueca a punto de desquebrajarse. Pongo música a todo volumen y me subo a la elíptica. Aumento la velocidad, luego la resistencia, sube mi ritmo cardiaco, lloro hasta el cansancio. Hoy en día cualquier cosa me ensombrece la vida...ahora le toca a los kilos de más. Que patético.
Ya sabes que yo siempre fuí una niña precoz, que peco de desconfiada y fatalista. Que enfermo de rigor y realidad.
Que no creo en "...y vivieron felices para siempre.." y los principes de mis cuentos siempre ocultan garras o patas de cabra.
Tú, mi pequeña mocosa, mi tuza, mi montoncito, apenas tienes 23 y nunca has salido de casa de mamá, no has vivido sola, no sabes que el refri no se "rellena" solo, ni que los trastes y la ropa sucia no reaparecen limpios en las alacenas y clósets con solo dejar de mirarlos...es mas! apenas si has viajado un poco.
Yo tambien pensé que podría comerme el mundo a puños, que se puede depender de la amabilidad de los extraños, que los dioses nos separaron por la mitad por pura envidia de vernos tan radiantes de felicidad y que cuando encontrara esa mitad, todo en el universo tomaria su justo lugar...y yo en él.
Te falta todo por hacer: empezar a vivir, crecer, aprender, viajar, encontrar, olvidar, conocer, perder, comprender. Y quisá por eso tambien te falta saber cuando hay que creer y cuando hay que dudar. Prométeme que antes de considerar las promesas de cualquier sapo verrugozo que diga ser tu principe azul (ya sabes a quién me refiero) ya tendrás, por lo menos, nociones básicas de zoologia para saber que un hombre y un anfibio no se parecen en nada.
A mediados de julio las hojas muestran cierto cansancio. ¿Lo ves? Es humano enfermar a escondidas. No, no ocurre nada en mí instantáneamente. Pero resulta que pasa. Crecen en mí voces y mueren un montón de cosas. Nos absorbemos mutuamentes y así está bien, aunque siempre podría estar mejor. Ya soy grande, cada vez soy más valiente, para vagar, para andar ciegas, por allí.





